15 de noviembre de 2011

Vacaciones en Roma: Día 4 - Plaza de España

Otro de los lugares emblemáticos de Roma es la Plaza de España. ¿Quién no recuerda a una bellísima Audrey Hepburn saboreando un helado a los pies de esta escalinata, con su pelo recién cortado? ¿Y quién no imagina a Gregory Peck acercándose a ella, en la deliciosa película de Wyler, Roman Holiday? Es difícil estar en este lugar sin acordarse de esta escena.


Se trata de uno de los lugares de encuentro preferidos por romanos y turistas. Además, en esta misma zona se encuentra una de las zonas más elegantes de la ciudad, en especial, Vía Condotti, donde están las firmas de moda más exclusivas, y Vía Venetto, una de las calles con más glamour gracias a sus hoteles y resturantes de lujo.

Aquí pasamos la última tarde del viaje, disfrutando de un delicioso helado (un plan más turístico imposible!), sentados en la escalera viendo el ambiente.

Plaza de España

La impresionante escalinata asciende por la ladera hasta alcanzar la iglesia de Trinità dei Monti. Su estructura parece trepar hacia lo más alto como si se tratara de un organismo vivo.  Construirla fue todo un reto urbanístico para la época, ya que todo esto no era más que una enorme pendiente. Para dotarla de movimiento, los tramos de la escalinata se estrechan y se ensanchan varias veces, consiguiendo una sensación de altura y grandiosidad. Por supuesto, no podéis iros de aquí sin subir sus 137 escalones porque arriba os espera una vista maravillosa de la ciudad.


La historia de por qué se llama Plaza de España es, ante todo, curiosa. Durante siglos, esta plaza fue escenario del enfrentamiento de dos grandes potencias europeas, Francia y España. A lo largo de 200 años, ambas potencias labraron guerras interminables por la supremacía en Europa y trasladaron simbólicamente este enfrentamiento a la plaza. Tras la construcción a finales del siglo XV de la iglesia de la Trinità dei Monti en lo alto de la colina, los franceses comenzaron a dominar la zona. Pero un siglo más tarde la situación cambió, al fijar aquí su residencia el embajador de España. A partir de este momento, los alrededores de su palacio quedaron convertidos en territorio español. La guardia española controlaba el tránsito, no solo en la plaza, sino también en los alrededores de la iglesia. A raíz de esto, el lugar comenzó a llamarse Plaza de España. Enojados, los franceses hacían lo propio bautizando su zona como Plaza de Francia. La lucha por poseer la plaza llevó a los dos países a una guerra, pero de festejos. El objetivo de esta guerra era deslumbrar a los ciudadanos romanos con las fiestas más suntuosas de cada país, como reflejo de la grandeza de ambas monarquías. Finalmente, los españoles resultaron victoriosos (siempre somos los mejores organizando fiestas!) y hoy en día, la plaza sigue conservando su nombre.


Como en muchos otros lugares de Roma que hemos visto, aquí también hay un gigantesco obelisco a las puertas de la iglesia. Desde abajo, centra todas las miradas y acentúa aún más la sensación de altura de la escalinata.


Avanzamos hacia Vía Condotti, contemplando los escaparates de Louis Viutton, Prada, Dolce & Gabanna, Gucci... En algunas de estas tiendas había verdaderas colas! Entramos en muchas para cotillear... pero no, no compramos nada! :)

Plaza del Popolo

Terminamos en la Plaza del Poppolo, la puerta de entrada a Roma por excelencia, ya que por aquí tenían que pasar todos los viajeros que llegaban a la ciudad eterna. Su arquitecto, Baladiere, diseñó este amplio espacio para dar una cálica acogida a los visitantes. Hasta que se popularizó el uso del ferrocarril con la construcción en 1864 de la estación de Términi al este de la ciudad. A partir de entonces, la plaza dejó de recibir su habitual flujo de viajeros. Por eso hoy en día su tamaño nos parece algo desmesurado y frío. Aún así, sigue siendo un sitio espectacular, lleno de gente que viene y va, música... es un hervidero constante.

Desde el centro de la plaza, podemos ver las denominadas "iglesias gemelas", aunque si nos fijamos bien en realidad no lo son. La de la izquierda, Santa María in Montesanto es de planta alargada, mientras que la de la derecha Santa María dei Miracoli, es más amplia y de planta circular. Pero si no te fijas bien, está claro que parecen idénticas.

Estas famosas iglesias delimitan el cruce de las tres calles más famosas de Roma: la Vía del Corso en el centro, la Vía del Babuino a la izquierda y la Vía di Ripetta a la derecha. Juntas crean el conocido tridente, tal y como podéis ver en la foto. Cogiendo cualquiera de estas tres calles, llegaremos al interior de la ciudad. Tal vez, la más conocida de todas sea la Vía del Corso que enlaza directamente con la Piazza Venecia.


Como homenaje, nos tomamos un capuccino en el conocido Café Rosati. Junto con el Café Cánova, situado justo enfrente, constituyen una de las mayores tradiciones de Roma. Eso sí, el precio del café es de 5,50 euros! Pero valió la pena porque estaba delicioso, y solo la experiencia de tomarlo en la terraza viendo la hermosa plaza del popolo... creo que es algo que hay que hacer una vez en la vida, olvidarse por un momento de los euros y disfrutar.


Como broche final, subimos de nuevo los 137 escalones de la Plaza de España, y esperamos a que caiga el sol. A lo lejos se puede ver la cúpula de Miguel Ángel. Es nuestro último atardecer en la ciudad eterna y la nostalgia se apodera de nosotros. La buena noticia es que nos espera una de las mejores cenas de todo el viaje, en un restaurante precioso llamado Il 59 (el favorito de Fellini). 

Pero de eso hablaré en el próximo post, 
dónde comer en Roma!

2 comentarios:

maba dijo...

preciosa jornada!! quizás mi favorita ;)

aunque es cierto que Roma es muy, muy cinematográfica!!

la historia de por qué se llama Plaza de España me encantó!!!

besos

Angelica dijo...

Hola! Excelente cronica! Y las fotos son realmente bellas... Roma es un lugar precioso! Me muero de ganas de despegar hacia alli! Saludos