
Visitar el
Guggenheim nos llevó casi una tarde. Las vistas desde fuera impresionan. En la puerta, como un guardián, está
"Puppy" un adorable perrito recubierto de flores. Un enorme terrier de 12 metros. Casi nada, ¿eh?
Bajando las escaleras del fondo se encuentra la entrada al museo. Diseñado por
Frank Gehry, se inauguró en 1997, y es uno de los
museos de arte contemporáneo más importantes del mundo. Siguiendo el estilo y los métodos de Gehry, su estructura sigue unos contornos casi orgánicos. Si ves el edificio desde la ría de Bilbao parece tener forma de barco, donde predominan las formas curvas. Si lo ves desde arriba, adquiere forma de flor. Y si te situas en la calle, su aspecto es mucho más modesto para integrarse mejor con la ciudad, con líneas más rectas en su diseño.

En su interior está prohibido hacer fotos. Sorprende lo diáfano que es (en el hall los techos llegan a medir 50 metros de altura), todo blanco, con mucha luz natural, minimalista... no da sensación de agobio y recorrerlo es sencillo, aunque desde fuera parezca lo contrario. Está dividido en tres plantas y el acceso a cada una de las salas es cómodo e intuitivo.
Pudimos ver la exposición de la obra del escultor Juan Muñoz. No la conocía, y aunque me impactó también me inquietó. Sus figuras la verdad es que me incomodaron y algunas hasta me dieron miedo (algo normal en mí pues soy bastante asustadiza). En la entrada estaban espuestos sus Thirteen Laughing at Each Other y si podéis ampliar la imagen o ver algo de su obra en intenet entenderéis lo que digo. La expresión de las caras o como trata los ojos... por no decir que estén riéndose mientras tú sólo puedes mirarles. Te hacen sentir aislado "¿estarán riéndose de mi?". Como apartado completamente de la escena.

Realizadas en resina y después en bronce y siempre monocromáticas, aportan más dramatismo si cabe. Una de las figuras que más me impresionó fue la de un hombre colgado de lo que parecía ser su lengua o intestinos... es parecida a la que he puesto arriba. Verla en directo pone los pelos de punta.

El material que se utilizó para la construcción del museo es en su mayoría
titanio. Son chapas muy manejables que se adaptan perfectamente a cada curva. Como cientos de parches o remiendos que, dependiendo de cómo le dé la luz, cambian de tonalidad. Vale la pena pasarse por allí al atardecer.
Y ahora os voy a contar lo que me pasó por las tiendas del centro de
Bilbao. Estando en plenas rebajas, no me pude resistir a entrar en algunas por aquello de "no vaya a ser que encuentre algo que no haya visto en Madrid...". Al entrar en Massimo Dutti vi un bikini que pasaba de los 39 euros a sólo 19.90. Un chollo, ¿verdad? Además favorecía un montón.
Al ir a pagarlo la cola era interminable, así que mi querido J. me dijo que por qué no ibamos a pagar a la caja de caballeros. Allí había un chico de lo más estirado que he visto en mi vida que estaba a lo suyo con el ordenador. Ni me miró a la cara mientras su compañera quitaba la alarma al bikini y dejaba preparada una bolsa pequeña de las de cartón al lado. La chica se fue a atender y allí me quedé yo, con el estirado sin levantar la vista del ordenador. Al cabo de minuto y medio (tiempo suficiente para darse cuenta de que estaba esperándole) le dije que si me podía cobrar. Lo hizo mecánicamente, sin dirigirse a mí y cuando termina, se da la vuelta, y coge una bolsa enoooooorme de plástico y guarda el bikini. Yo, educadamente le dije: "Perdona, ¿podrías darme mejor la de cartón que es más pequeña?". A lo que él responde, mirándome fijamente por encima como a un ser apestoso: "Es que las de plástico son para las rebajasssssssss" (marcando la "s" final). Yo (que en mis años universitarios trabajé como dependienta y me pone de los nervios cuando me atienden mal) dije por lo bajo, pero que se me oyera: "Pues menuda estupidez...".
El chico, que evidentemente me oyó, se enrabietó y al ir a darle el billete de 20 euros coge y............ me devuelve diez céntimos, el ticket y mi billete de 20 euros!!! No me di cuenta hasta que llegué casi a la puerta. El pobre J. estaba distraído mirando unas bermudas cuando de repente vió mi cara con los ojos como platos diciéndole: "¡Déjalo; corre y vámonos!".
Al principio me sentí estupendamente, pero después me recomía la conciencia... sobre todo por mi pasado como dependienta. Pero, ¿realmente se lo merecía con lo borde que era? Yo creo que no... y me váis a perdonar los que no estéis de acuerdo conmigo. A veces puedo ser muyyyy mala, jeje ;)
Es una pena, pero aquí se cierra el cuaderno de viaje. Me ha encantado escribirlo y también poder acercaros un poco lugares que merece la pena conocer. Espero que hayáis disfrutado leyéndolo. También quería agradecer vuestros comentarios, me alegráis el día :)