
El Castillo de Javier nace en el siglo X, al principio sólo como una torre de vigilancia para defender el valle del río Aragón. De hecho, la base de la torre es la más antigua de las de su género que se conserva en Navarra.
Con los años, el recinto se refuerza y en el siglo XIV ya es un verdadero castillo, propiedad de la familia de María de Azpilicueta, madre de San Francisco Javier.
Tras la anexión de Navarra a Castilla, el castillo es desmochado y reducido a simple caserón de vivienda hasta el siglo XIX.

Francisco de Javier, patrono de Navarra y de las misiones católicas, nació el 7 de abril de 1506 en el castillo. Hijo menor de una familia acomodada, a los 19 años marchó a estudiar a la Universidad de la Sorbona en París. Allí, conoce a Ignacio de Loyola y su vida da un giro radical.
En 1541, movido por su fe, emprendió un viaje de once años que le llevó a India y el Extremo Oriente: Indonesia, Japón y China, frente a cuyas costas muere en 1552.
Los restos del Santo descansan en Goa (India) y su figura y legado son respetados unánimemente en todos los países por donde pasó.
Situado en el pueblo navarro de Javier, a tan sólo una hora de Pamplona, merece la pena visitarlo. Esta fue nuestra primera parada antes de los San Fermines {la locura}. Por la noche pronto a dormir y al día siguiente madrugón.

