10 de marzo de 2012

Lewis Hine en la Fundación Mapfre

"Quise hacer dos cosas. Quise mostrar lo que habría que corregir; 
quise mostrar lo que había que apreciar".

Como los propósitos que guiaron su dedicación a la fotografía, el nombre de Lewis Hine (Wisconsin, 1874 - Nueva York, 1940) ha quedado unido a dos aspectos fundamentales de la historia contemporánea: en lo artístico, al estilo documental que en la década de 1930 pasó a ocupar el primer plano del arte fotográfico; en lo político y social, a las denuncias que en el tránsito del XIX al XX promovieron los movimientos progresistas para mejorar la situación de la clase trabajadora y erradicar el trabajo infantil. Esta muestra, compuetsa por una selección de 170 imágenes - en su mayoría vintage - procedentes de la George Eastman House (Rochester, Estados Unidos), ofrece al visitante un completo recorrido por toda la trayectoria fotográfica de Lewis Hine y nos permite conocer la obra de un creador necesario en el que está presente, en mayor o menor medida, la evolución posterior de la fotografía norteamericana.

 
 
 

Educador y sociólogo, su interés por la fotografía surgió vuando su amigo Frank A. Manny, director de la Ethical School de Nueva York, puso en sus manos una sencilla cámara de fuelle de 13x18 cm para que documentase las actividades de la escuela. Con ella, y acompañado de sus alumnos, entre los que estaba un jovencísimo Paul Strand, Hine emprendió en 1904 una serie de expediciones a la Isla de Ellis, el centro de recepción de inmigrantes establecido al sur de Manhattan, para fotografiar a aquellos que arribaban en masa a Estados Unidos en busca de un futuro mejor.

Familia italiana buscando equipaje perdido, isla de Ellis 1905.

Consciente de su enorme potencial para la comunicación, en 1908 abandonó la docencia para dedicarse a la fotografía y centrarse en lo que él mismo llamaría "el lado visual de la educación pública". La cámara es el instrumento del que se valió para documentar sus investigaciones, reflejar las injusticias sociales y contribuir de este modo al progreso de la sociedad. Esta propuesta pionera de Hine fue posteriormente asumida por otros, como Walker Evans, tal y como demuestran las imágenes que la Farm Security Administration obtuvo de un sur de los Estados Unidos asolado por los efectos de la crisis de 1929.

 
 
 
 
 

Su preocupación por la realidad social de los más desfavorecidos hizo que acompañase a los inmigrantes más allá de los límites de la Isla de Ellis. Entre 1904 y 1906, Hine registró, además de su llegada, las insalubres viviendas donde se hacinaban y las condiciones de su trabajo en fábricas y comercios. Su interés por transmitir historias individuales y su interacción respetuosa y afable con sus retratados constituyen la clave de la fuerza de sus imágenes. Un claro ejemplo es Judía en la Isla de Ellis (1905), donde la toma frontal y la altura en la que las miradas se cruzan refuerza la conexión y el respeto mútuo.

Judía en la isla de Ellis, 1905

En 1908 comenzó a trabajar como fotógrafo oficial para la National Child Labor Committee, organización creada para combatir el empleo infantil. Durante años, Hine documentó el trabajo de los niños en campos, minas, fábricas, recolectando algodón, vendiendo periódicos... Junto a las imñagenes, anotaba cuidadosamente la altura, la edad y la historia laboral de cada uno de ellos, lo que le permitió con el paso de los años realziar un trabajo comparativo. Estas fotografías de niños trabajadores causaron un gran impacto y se publicaron en folletos y revistas populares como Everybody´s y The Survey con el fin de denunciar la legislación existente. Niño que perdió un brazo manejando una sierra en una fábrica de cajas (1909) es un buen ejemplo de su relación con los niños y de cómo sus fotografías, por la iluminación y el encuadre, informar a la vez que conmueven, poniendo al descubierto ante la opinión publica la inmoralidad del trabajo infantil.


Durante esos años Hine también participó en la Pittsburg Survey, estudio en el que se utilizó la fotografía para mostrar las condiciones de vida de los trabajadores de la ciudad más industrializada de Estados Unidos. El estudio, que abordaba entre otros temas las condiciones laborales, la inmigración, la vivienda o la pobreza, fue realizado por un equipo de más de setenta investigadores. La labor de documentación acometida por Hine fue esencial para otorgar credibilidad al proyecto, ya que sus imágenes eran la prueba irrefutable de la explotación y los abusos cometidos.

 
 
 
 

Tras la Primera Guerra Mundial, Hine emprendió el que sería su único viaje a Europa con objeto de documentar las operaciones de auxilio a los refugiados. Su cámara fue la primera en dar testimonio de la dura realidad de las poblaciones desplazadas por la guerra, lo que ayudó a que la Cruz Roja obtuviese las subvenciones necesarias para poder realizar su labor humanitaria. Recorrió, sobre todo, Francia, Grecia y Serbia, retratando la vida de los refugiados en los campamentos y las familias que trataban de sobrevivir en sus devastados hogares. Atraído por el conocimiento de culturas y ligares desconocidos, Hine retrató grupos, como él los describía, "desbordantes de vida". Esta experiencia supondría una importante transformación en su lenguaje fotográfico.

Golfillo de París, 1918.
 
De regreso a Nueva York en 1919, Hine se centró de nuevo en el mundo laboral, pero esta vez para mostrar la dignidad que el trabajo confiere al ser humano. Lo hizo en la serie que él mismo denominó retratos laborales, una abierta exaltación del trabajo y los trabajadores. Las fotografías de obreros de la construcción, soldadores, cigarreros, electricistas y afinadores de pianos, entre otros, no sólo muestran las aptitudes del ámbito industrial, sino que celebran los oficios tradicionales y el carácter del artesano especializado. Muchas manifiestan una nueva atención hacia las cualidades formales, un aspecto que se evidencia en la que quizá sea la imagen más conocida de Hine: Mecánico de una central, tomada en 1920, en la que trabajador, colocado simbólicamente en su centro, aparece como corazón y el alma esencial de la máquina.


Esta alabanza en imágenes de los trabajadores culmina en 1930-1931 con el reportaje sobre la construción del Empire State de Nueva York. Desde los cimientos hasta la azotea, Hine documentó lo que se convirtió para muchos en un signo de esperanza y progreso en tiempos difíciles. Como sus retratos laborales, las fotografías del Empire State (para tomar algunas de ellas se hizo descolgar sobre la Quinta Avenida a 400 metros de altura) serán otros tantos homenajes a la individualidad y la importancia del obrero, un recordatorio de que "las ciudades no se construyen solas..., sin tener detrás el cerebro y el sudor de los hombres". Imágenes de estos dos últimos proyectos formarían parte en 1932 de Men at Work, el único libro de fotografía que Hine publicó y supervisó directamente en todos sus aspectos.

 
 

A finales de la década de 1930, tanto el mundo de la reforma social como el de la fotografía habían cambiado. La filantropía privada había sido remplazada por las agencias gubernamentales del New Deal, para las que Hine era un hombre de otra época. Intentó relanzar su carrera como fotógrafo freelance trabajando para industrias progresistas que aún compartían sus valores. El encargo de la compañía Shelton Looms, una factoría textil de Connecticut, hizo creer a Hine que aún podía recibir propuestas de empresarios interesados en disponer de un archivo visual del trabajo de sus fábricas. En esats fotografías se demuestra un claro interés por las piezas de telas y las máquinas industriales como formas abstractas, una nueva visión que nos hace pensar que empezaba a considerar su obra desde otro ángulo.


En los últimos años de su vida, Hine encontraría cada vez menos oportunidades de empleo y, a pesar de su éxito temprano, acabaría dependiendo de la beneficencia. En 1939, Berenice Abbott organizó una gran retrospectiva de su obra en el Riverside Museum de Nueva York en la que se reinvindicó a Hine más como artista moderno que como educador social. Este reconocimiento tardío por parte de críticos e historiadores del arte no evitó que muriese en la más absoluta pobreza en 1940.


Lewis Hine
Fundación Mapfre
Paseo de Recoletos, 23
Hasta el 29 de abril
Entrada gratuita

5 comentarios:

bubbles on my planet dijo...

Me ha gustado mucho tu post, es increíble ver cómo ha cambiado el mundo en 100 años. Pero personas como Lewis Hine siempre hacen falta para denunciar las injusticias y retratar la sociedad. Qué pena que haya muerto en la pobreza, olvidado por todos.
Bss

Elena TMH* dijo...

Me ha encantado la denominación, "el lado visual de la educación pública", increíble que hace 100 años las cosas fueran de aquella manera y gracias a la fotografía social podemos apreciarlo. Guau, guau, guauuu las fotos de la construcción del Empire State, y de nuevo me repito, cómo ha cambiado el mundo! El tema de la seguridad laboral brillaba por su ausencia... Me ha encantado este post!

Un besito!

CREALALUNA dijo...

Siempre ma ha admirado el poder de la fotografía para transmitir emociones, pasiones... cómo es posible con una sola imagen? Hay que ser algo más que un profesional para lograrlo!
Un saludo
Yolanda

Glo ♥ Matilda Mota dijo...

WOOOWW como siempre, un post supercurrado!! qué buena selección de fotos! había algunas que conocía pero que para nada sabía que eran del mismo fotógrafo!!

Fernando de Haro dijo...

La primera fotografia no es de Lewis Hine, es de Dorothea Lange, retirala por favor, no confundas a la gente.