Después del cocktail, donde triunfaron aperitivos como los mini kebabs de pollo tikka masala, las cazuelitas de risotto de setas o el ceviche de gambón con kikos (mi favorito), llegó el momento de la cena.
Como ya os adelanté, transcurrió bajo la impresionante y
centenaria encina que había en la finca. Recuerdo que la primera vez que
Javi y yo vimos el árbol, nos enganchó de tal
manera, que decidimos que nuestra boda tenía que celebrarse allí sí o sí.
