Un buen plan para pasar una mañana en San Sebastián es recorrerse el Paseo Nuevo, comenzando desde el puerto y terminando en el puente del Kursaal. La maravillosa vista del mar y de la Isla de Santa Clara al fondo, casi nos obliga a pararnos cada diez pasos para hacer alguna foto o simplemente para ver como rompen las olas.
Después de comer, merece la pena subir al monte Urgull y disfrutar de un paseo de 25 minutos hasta llegar al Castillo de la Mota, con la imagen del Sagrado Corazón en lo alto. Un lugar ideal para perderse entre los árboles, la naturaleza...
En Urgull se encuentra el Cementerio de los Ingleses, un sitio bastante abandonado donde están las tumbas de los soldados y oficiales ingleses que murieron apoyando a los españoles en la Batalla de 1813 contra los franceses.
Si algo es famoso en San Sebastián son sus bares de pintxos en la Parte Vieja. Estamos en la ciudad con mayor número de estrellas Michelín por metro cuadrado del mundo, por lo que la gastronomía es uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad. Muchos de estos pintxos son como obras de arte culinarias en miniatura. Un ejemplo, estos del bar Txepetxa, especializado en la anchoa.
El bar Munto es uno de los bares más espectaculares de toda la zona vieja. Su especialidad es el pintxo de ravioli de txipirón relleno de crema de champi. La mezcla de la brasa con la textura cremosa del champi constituyen una auténtica delicia.
Tras una jornada de mañana en la playa es imprescindible pasar hacia El Peine del Viento. Situado en las faldas del Monte Igueldo y junto a la bahía, es uno de los símbolos internacionales de Donosti. Posiblemente, la obra más famosa de Chillida. Consiste en tres esculturas de acero que están incrustadas en las rocas que dan al mar Cantábrico, y que reciben constantemente el azote de las olas.
Muy cerca de El Peine del Viento se encuentra el funicular que sube al Monte Igueldo. Inaugurado en 1912, conserva todo el encanto de un medio de transporte antiguo, como la carrocería de madera roja. Sin duda, un viaje de lo más entrañable.
Las vistas desde lo alto de la torre han sido calificadas como las más bonitas del mundo. Por un lado el mar con el faro...
...y por otro lado Sanse. Desde aquí se ve perfectamente como la isla tiene forma de tortuga.Como despedida nada como ver atardecer desde el Paseo Nuevo, lugar donde comenzó nuestra ruta. Todo parece estar en calma mientras el sol se esconde dentro del mar...
¡Ya tengo ganas de volver!